Por supuesto, el conflicto se da entre quienes piensan
el agua como negocio privado y quienes la piensan como derecho humano,
con todas las implicancias de ambas posturas.
En esta entrega, ustedes reciben:
- La convocatoria de una cantidad de ONG´s, agrupadas
en Ecofondo, para lograr un plebiscito en Colombia para declarar el
agua como derecho humano y que se la saque del lucro y las privatizaciones.
En un país en guerra, un grupo de organizaciones sociales están
juntando firmas para lograr un cambio de la Constitución que
declare el agua como derecho humano y asegure un mínimo gratuito
a cada persona.
El movimiento por el plebiscito del agua es absolutamente increíble.
Es un país en guerra civil, y sin embargo, han logrado armar
una cadena de 1.200 organizaciones civiles que están pidiendo
firmas para posibilitar el referendum. Juntaron 250 mil para habilitar
el operativo y creen poder llegar al millón 400 mil para reclamar
el cambio constitucional. Esto muestra que la gente está cansada
de que las únicas opciones sean alguno de los bandos en guerra.
La gente firma en los recitales de música, en festivales, etc.,
de a muchos miles cada vez.
Las organizaciones incluyen sindicatos, cooperativas
de agua, grupos de estudiantes, comunidades indígenas, grupos
de pueblos negros, partidos políticos de oposición y todo
lo imaginable. Lo hacen en una sociedad sensibilizada, ya que hay decenas
de miles de personas a las que les cortaron el agua porque no la pueden
pagar. Realmente me encuentro con un estilo de participación
ciudadana masiva, algo nuevo para quienes vivimos en un país
cuya clase política le tiene terror a la participación
ciudadana.
- Un capítulo del libro "Oro Azul",
de Maude Barlow y Tony Clarke, publicado por Paidós de Barcelona.
Allí analizan una serie de conflictos vinculados con la privatización
del agua en América Latina. Nos interesa mostrar cómo
un muchas partes se ha hecho creer a los vecinos que la eficiencia de
la empresa privada se traduciría en mejores servicios y no sólo
en mayores ganancias.
- La obra de arte que acompaña esta entrega
es una pila bautismal realizada por el artista italiano de barroco Pietro
Galli. El ángel que la protege nos recuerda nuestra necesidad
de defender el agua como derecho humano.
Un gran abrazo a todos.
Antonio Elio Brailovsky

Pietro Galli: Pila bautismal – San Pablo
Extramuros, Roma

ECOFONDO. PROYECTO DE PLEBISCITO POR EL AGUA
EN COLOMBIA
TEXTO SOBRE OBJETIVOS Y ALCANCES DEL REFERENDO ACORDADO POR LA COMISION
NACIONAL DE DEFENSA DEL AGUA Y DE LA VIDA
El referendo se propone consagrar en la Constitución Nacional
que el agua en Colombia es un derecho inherente a la persona humana
y a los demás seres vivos, y es un bien común de uso público
que pertenece por tanto a la Nación colombiana.
En consecuencia, el acceso al agua será un derecho
fundamental y toda persona podrá acceder a ella en todos sus
estados, lo cual incluye el derecho a disponer de agua limpia o potable
para el consumo doméstico, es decir para beber y para satisfacer
las necesidades de higiene y preparación de alimentos y que el
consumo humano es prioritario frente a otros usos. Esto implica el establecimiento
de una cantidad mínima necesaria para cada hogar, en forma gratuita,
independientemente de su situación cultural, religiosa, social,
de género, geográfica o económica.
Para garantizar plenamente tales derechos, sólo
el Estado, mediante entidades de prestación de servicios públicos
y sin ánimo de lucro, deberá realizar la prestación
y la gestión directa e indelegable de los servicios de abastecimiento,
disposición y saneamiento. Se exceptúan de este principio
las organizaciones comunitarias que se hayan constituido para este fin
como instituciones de utilidad común, sin ánimo de lucro,
o que se constituyan en el futuro de la misma manera. Estas organizaciones
comunitarias deberán contar con el apoyo del Estado para la prestación
de un servicio adecuado y de buena calidad a las comunidades que así
se organizan para satisfacer sus necesidades.
Reconociendo que el agua es sagrada para los pueblos
indígenas y elemento fundamental del territorio de las comunidades
afrodescendientes, el Estado deberá preservar y garantizar el
goce efectivo de estos derechos de estas comunidades de acuerdo con
sus usos y costumbres.
El Estado deberá dar especial protección
y fomentar la conservación de los cuerpos de agua superficiales
y subterráneas, los ecosistemas estratégicos para el ciclo
hidrológico y en particular las zonas necesarias para la recarga
de los acuíferos. Dicha protección incluirá la
prohibición de realizar actividades que constituyan riesgo para
dichos ecosistemas y para sus funciones en relación con el mencionado
ciclo hídrico.
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El desafío ante la privatización
de los sistemas de agua en Latinoamerica
Por Tony Clarke y Maude Barlow
A menudo bebemos un vaso de agua sin reparar apenas
en el valor de este recurso. Sin embargo, según estimaciones
recientes de la Organización de Naciones Unidas, en el planeta
hay 1.300 millones de personas que carecen de un acceso adecuado al
agua potable, y 2.500 no disfrutan de un sistema de saneamiento apropiado.
En todo el mundo, hay seres humanos que arriesgan la vida en conflictos
bélicos por el problema del acceso al agua dulce. Aunque estas
luchas no son nuevas, pues el agua ha sido siempre un elemento esencial
para la vida y la naturaleza del planeta, se intensifican a medida que
el agua se convierte en un recurso cada vez más escaso y lucrativo.
Como ya preveía el ex vicepresidente del Banco Mundial a finales
de los años noventa, 'Las guerras del siglo XXI se librarán
a causa del agua'.
Las batallas del agua
Uno de los puntos más conflictivos de las batallas
por el agua es Latinoamérica. De hecho, la primera gran guerra
del agua del siglo XXI estalló en Bolivia cuando el Banco Mundial
exigió, para la renovación de un préstamo de 25
millones de dólares, la condición de que se privatizasen
los servicios de agua del país más pobre de Latinoamérica.
En cuanto se vendió el servicio municipal de agua corriente de
Cochabamba [cuya población supera la cifra de 500.000 habitantes]
a Bechtel, una poderosa empresa estadounidense, el precio del agua aumentó
de forma notable en enero y febrero de 2000. Decenas de miles de habitantes
tomaron las calles de Cochabamba para expresar su descontento por el
aumento de los precios y los consecuentes cortes de suministro. Al final,
la escalada de las protestas derivó en una huelga general que
paralizó la economía de la ciudad, medida que obligó
a Bechtel a hacer las maletas y huir del país. Pero no por mucho
tiempo. La gran corporación regresó de nuevo con un pleito
de 25 millones de dólares contra el gobierno boliviano, al que
exigía el pago de indemnizaciones por pérdida de beneficios.
En otras zonas del dominio hispanohablante, se han
librado duras batallas por el agua en otros frentes, sobre todo en ciertas
regiones de Latinoamérica.
En Argentina, las asociaciones de consumidores y otros
grupos han luchado durante una década contra la privatización
de la red de agua corriente pública por parte del gigante empresarial
francés Suez, que ha generado un proceso de corrupción
generalizada, además de la contaminación del Río
de La Plata y beneficios sin precedentes.
En Uruguay, una coalición de trabajadores y
asociaciones ha promovido un referéndum nacional con el fin de
lograr una enmienda constitucional que garantice el agua como derecho
humano y bien público, fuera del alcance de las grandes empresas
con fines lucrativos. Cuando una empresa filial de la compañía
de aguas española Aguas de Bilbao recibió la concesión
del suministro de agua con fines lucrativos en la provincia de Maldonado,
los precios del agua aumentaron y los suministros se contaminaron.
En Chile, los grupos ecologistas han protestado enérgicamente
contra la venta de los sistemas fluviales. Durante el régimen
de Pinochet, el 80% de los ríos se vendió al sector privado
con el fin de facilitar la utilización del agua para la producción
de energía y el consumo agrícola. La compañía
española ENDESA ha adquirido gran parte de los sistemas fluviales
de Chile para desarrollos principalmente hidroeléctricos.
En Perú, los ciudadanos de las zonas más
pobres han emprendido una lucha armada contra los precios abusivos del
agua. En Lima, los pobres pagan a un vendedor privado hasta tres dólares
por metro cúbico de agua, suministro que deben recoger y transportar
en cubos por sus propios medios y que, a menudo, contiene agua contaminada.
Los ciudadanos más opulentos, en cambio, pagan 30 centavos por
metro cúbico de agua tratada que sale por el grifo de sus viviendas.
En Guatemala, los campesinos, trabajadores y ecologistas
locales protestan contra la construcción de 5 presas en el río
Usumacinta, que recorre gran parte del territorio guatemalteco y mexicano
meridional. Además de la generación hidroeléctrica,
el proyecto se utilizará para bombear agua desde Usumacinta hasta
la península de Yucatán, con el fin de aportar irrigación
a los macrocultivos agrícolas destinados a la exportación,
proceso que ya ha dañado la mayor parte del sistema ribereño
de Guatemala. La inundación de la tierra supone una amenaza también
para el sustento de la población local.
En México, la población indígena del estado de
Chiapas, en el extremo meridional, se prepara para emprender una batalla
contra Coca-Cola, empresa que intenta asegurarse el control de las reservas
de agua más importantes del país. En un país donde
la mayor parte de la población sufre recortes de agua, más
del 30% de los suministros de agua dulce se encuentra precisamente en
la región de Chiapas, donde la multinacional Coca-Cola se ha
posicionado para controlar los acuíferos locales, presionando
a los gobiernos locales para utilizar leyes de zonificación preferencial
con el fin de incrementar el control privado sobre los manantiales.
Crisis del agua
Bajo estas batallas locales subyace una crisis mundial
del agua, cada vez más aguda. En la actualidad, 31 países
sufren una grave escasez de agua. En menos de un cuarto de siglo, se
calcula que dos tercios de la población mundial no tendrán
acceso adecuado a los suministros de agua dulce. Es más, el mundo
se divide cada vez más entre las regiones 'ricas' y 'pobres'
en lo que se refiere a recursos de agua.
Esta es, de hecho, la paradoja que caracteriza gran
parte de Latinoamérica en nuestros días. Por un lado,
Latinoamérica disfruta de gran abundancia de manantiales de agua
dulce. El 20% del residuo líquido mundial -la fuente de agua
renovable que constituye nuestros suministros de agua dulce- proviene
sólo de la cuenca del Amazonas. Brasil tiene más agua
que ningún otro país, pues dispone de la quinta parte
de los recursos de agua del planeta. El territorio latinoamericano alberga
cuatro de los 25 ríos más caudalosos del mundo -Amazonas,
Paraná, Orinoco y Magdalena-, además de algunos de los
lagos más grandes, entre los que se cuentan el Maracaibo en Venezuela,
el Titicaca en Perú y Bolivia, el Poopó en Bolivia, y
el Buenos Aires, compartido por Chile y Argentina. En consecuencia,
los latinoamericanos deberían tener una de las asignaciones de
agua dulce per cápita más elevadas del mundo, algo menos
de 3.100 metros cúbicos por persona al año.
Pero por otro lado, algunas zonas de Latinoamérica
sufren una sequía tan acuciante, que aproximadamente el 25% del
continente se considera árido o semiárido. Se incluyen
ahí no sólo desiertos naturales como la Patagonia, al
sur de Argentina, o el de Atacama en el nordeste de Chile, sino también
otros provocados por el hombre en amplias zonas de Perú, Bolivia
y el noroeste de Argentina. Más al norte, el Caribe carece de
manantiales de agua dulce, puesto que no pueden fluir ríos por
sus exiguos territorios. En la mayor parte del Valle de México,
los desiertos naturales se funden ahora con los provocados por el hombre.
De hecho, Ciudad de México, antaño rodeada de lagos, está
esquilmando sus últimos acuíferos accesibles. En efecto,
el ciudadano medio sólo puede acceder a 28,5 metros cúbicos
anuales, menos del 1% de los 3.100 de que debería disponer cada
persona al año.
He aquí la paradoja latinoamericana: la escasez
de agua en una tierra con importantes recursos acuáticos naturales.
Más de 130 millones de personas carecen de suministro de agua
potable en sus hogares, y se calcula que sólo una persona de
cada seis cuenta con redes de saneamiento adecuadas. La ciudad brasileña
de São Paulo, pese a que pertenece al país con más
manantiales de agua dulce del mundo, afronta una seria amenaza de racionamiento,
pues su suministro de agua depende de fuentes que están cada
vez más alejadas de la ciudad, y el coste del transporte supera
la capacidad adquisitiva de muchos habitantes. Además, la situación
empeora constantemente, pues las medidas políticas que fomentan
la agricultura industrial desplazan cada año a millones de agricultores
de pequeña escala a los barrios periféricos de las ciudades.
Al mismo tiempo, los recursos de agua dulce latinoamericanos
sufren también problemas de contaminación constantes.
En toda la región, las cuencas de ríos y lagos y los hábitat
acuáticos se convierten a menudo en contenedores de basura, desagües
de minas o depósitos de residuos agrícolas e industriales.
La mayor parte de las aguas residuales vierte directamente en los ríos,
lagos o canales sin tratamiento de ningún tipo. En las zonas
maquiladoras de la frontera entre México y Estados Unidos, la
contaminación industrial es tan perniciosa, y el agua limpia
llega a ser tan escasa, que los bebés y los niños beben
Coca-cola o Pepsi en lugar de agua. Paradójicamente, el país
más contaminante de la región es Brasil, que también
es el que ostenta el récord de mayores recursos de agua dulce.
Brasil permite la contaminación química e industrial masiva,
así como los vertidos de mercurio provenientes de las minas de
oro. Sólo una parte de la Europa del Este y China superen los
niveles de contaminación acuática de Brasil.
Paralelamente, la demanda mundial de agua dulce se
duplica cada 20 años, es decir, a un ritmo más de dos
veces superior a la tasa de crecimiento de la población. En la
actualidad, en muchas zonas del mundo los grandes derrochadores de agua
son las industrias de alta tecnología y la agricultura industrial,
no los hogares individuales. Los sistemas de riego agrícola consumen
alrededor del 65%-70% del agua, principalmente para producir alimentos
destinados a la exportación; el 20%-25% se dedica a fines industriales,
entre los que se incluye la producción de chips de silicio de
alta tecnología; y el 10% restante es para uso doméstico.
Si se mantienen estas tendencias, antes del año 2025 la demanda
de agua excederá los recursos terrestres en un 56%.
Los científicos advierten que una seria amenaza
de crisis se cierne sobre el ciclo hidrológico del planeta. Este
ciclo regula que cada gota de agua que se evapora de una planta, lago,
pantano, río o de la superficie terrestre vuelva a precipitar
sobre los bosques, lagos, pastos, praderas, contribuyendo así
al equilibrio natural. Pero si esa gota cae sobre una acera o un edificio,
no es absorbida por el suelo y, por tanto, no llega al mar. A medida
que la superficie terrestre se despoja de bosques y praderas, mayor
es el número de manantiales y arroyos que se agotan y menores
son las precipitaciones que vierten sobre la cuenca de los ríos.
Si la especie humana continúa expandiendo sus
ciudades e industrias al ritmo actual, cabe esperar que se intensifique
la amenaza del ciclo hidrológico terrestre hasta el punto de
que el agua deje de ser un recurso renovable. Ciudad de México,
por ejemplo, ya depende de acuíferos para el 70% de su suministro
de agua y está dilapidando estas fuentes subterráneas
a un ritmo 80 veces superior al de su recuperación natural.
Movimiento del agua
Como reacción ante la crisis mundial del agua
y los programas de los magnates de este recurso, ha surgido un nuevo
movimiento social, integrado por campesinos, indígenas, trabajadores,
consumidores y un amplio rango de organizaciones ciudadanas comprometidas
con la lucha por el agua. Su mensaje principal es que el agua es un
elemento esencial de la vida y, por tanto, toda el agua pertenece a
la naturaleza y al hombre. El agua es un derecho humano universal. No
es un recurso que pueda convertirse sin más en un artículo
destinado a la compraventa en el mercado. Tampoco es un servicio que
deba gestionarse y distribuirse desde el sector privado en función
de la capacidad adquisitiva del consumidor. El agua, esencia y fuente
de vida en este planeta, es patrimonio común y una responsabilidad
sagrada. En otras palabras, el agua pertenece a 'los bienes comunes',
esos espacios no lucrativos de la vida que deben conservarse para la
naturaleza y la humanidad.
En su mayor parte, los programas de acción de
este movimiento del agua tienen su origen en cuatro principios interrelacionados:
[a] igualdad del agua --- el agua, como derecho humano universal, debe
distribuirse equitativamente a toda la humanidad, no en función
de los principios del mercado y la capacidad adquisitiva; [b] conservación
del agua --- el agua debe conservarse en sus cuencas naturales, evitando
su derroche o mala utilización, con el fin de que se renueve
el ciclo hidrológico y perdure este recurso para las generaciones
futuras de este planeta; [c] calidad del agua --- esa agua, elemento
vital, debe protegerse de la contaminación causada por los vertidos
de residuos químicos o industriales; y [d] democracia del agua
--- el agua se protege y gestiona mejor a través del sector público,
con la participación directa de la comunidad en las decisiones
relativas a su extracción, consumo y distribución.
En Latinoamérica, este movimiento del agua se
manifiesta como una nueva alianza. El 22 de agosto de 2003, 47 organizaciones
ciudadanas de 16 países americanos se reunieron en San Salvador
para emprender un nuevo movimiento llamado 'RED VIDA'. Al mismo tiempo,
definieron su plataforma de acción en una 'Declaración
para la defensa del derecho al agua'.
A través de esta nueva alianza, los grupos miembros aspiraban
a construir una red de apoyo y solidaridad con las diversas luchas que
se libran contra la privatización de los servicios de agua urbanos;
contra los diques, desvíos y trasvases de los sistemas fluviales,
que tienen una repercusión negativa en la naturaleza y en el
nivel de vida de la población; contra la exportación masiva
del agua de los ríos, lagos y arroyos; y contra la rápida
reducción de los acuíferos subterráneos.
Antes de su constitución, los grupos miembros
de RED VIDA se sumaron a otros activistas de Asia, Africa, Europa y
Norteamérica para hacer frente común contra los agentes
de la privatización en el Forum Mundial del Agua de Kyoto (Japón)
en marzo de 2003. Al organizarse en brigadas de 'el agua es vida', lograron
organizar un serio debate sobre los principales asuntos en varias sesiones
temáticas, impidiendo así que el Banco Mundial y las tres
grandes corporaciones del agua alcanzasen un consenso en cuanto a los
principales puntales de su proyecto de privatización. En enero
de 2004, los miembros de RED VIDA también desempeñaron
un papel activo en la creación y desarrollo de un 'Movimiento
del Agua Mundial de los Pueblos' en Nueva Delhi (India). En la cumbre
de Nueva Delhi, celebrada en vísperas del Foro Social Mundial
de Mumbai, intervinieron participantes de 64 países que, a su
vez, desarrollaron una plataforma internacional para la educación
y la acción en asuntos relativos al agua.
Este nuevo movimiento, no obstante, no está
sólo comprometido con la movilización de la resistencia
ante la privatización del agua, sino que pretende construir también
modelos alternativos de gestión de este recurso. Como alternativa
al modelo de 'sociedad privada-pública' promovido por el Banco
Mundial y las tres grandes compañías del agua, por ejemplo,
el movimiento ha comenzado a defender un modelo de 'sociedad pública-comunitaria'
que se ha desarrollado y probado en Porto Alegre (Brasil).
En esta ciudad de más de 3 millones de residentes,
los servicios de suministro de agua pasaron de nuevo a manos públicas
después de un período de gestión privada, según
un nuevo modelo que requería mucha mayor participación
comunitaria en la toma de decisiones acerca del tratamiento de los recursos.
El servicio público de agua no sólo ha resultado ser viable
desde el punto de vista financiero, sino que además ha mejorado
y ampliado los servicios de aguas de modo que satisfagan las necesidades
de toda la ciudad. Actualmente, los ciudadanos de Cochabamba (Bolivia)
están desarrollando un modelo similar de gestión pública
de los servicios de agua, basada en la colaboración comunitaria.
Por último, parece que este movimiento en ciernes
refleja una nueva concepción de la inminencia y tenacidad de
la lucha, rasgo que lo diferencia de otros movimientos sociales. Al
organizar las campañas, los activistas del agua parecen decididos
a trazar una línea en la arena. Claramente la población
y las comunidades no pueden vivir sin agua. Para muchos, la lucha es
cuestión de vida o muerte. Por tales motivos, la reivindicación
de democracia en la distribución de este recurso no puede y no
debe ser silenciada.