(APE).- "Vamos a alimentar vehículos y desnutrir personas.
Hay 800 millones de vehículos automotores en el mundo. El mismo
número de personas sobrevive en desnutrición crónica",
sostiene el teólogo brasileño Frei Betto.
El futuro se llama ahora biocombustible.
Así impone el mercado de las multinacionales y así repiten
los gobiernos de América del Sur, nacionales y provinciales.
A partir de la soja, combustibles.
Aunque para semejante demanda sea necesario inventar desiertos donde
antes irrumpían pampas sin fin, montes de sombras impenetrables
o bosques de vidas multicolores.
Biocombustible es la nueva exigencia del dios sediento de sacrificios
en el nuevo altar del siglo veintiuno.
“Un estudio de la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y de la Organización
de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
(FAO), indica que ‘los biocombustibles tendrán un fuerte
impacto en la agricultura entre 2007 y 2016’. Los precios agrícolas
estarán por encima de la media de los últimos 10 años.
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Los granos deberán
costar del 20% a un 50% más. En Brasil, la población pagó
tres veces más por los alimentos en el primer semestre de este
año, si comparado al mismo periodo de 2006. Vamos a alimentar vehículos
y desnutrir personas”, cuenta Frei Betto y su relato supera las
fronteras de Brasil y repercute en la conciencia de cada argentino cuando
enfrenta el alza de los precios, por un lado, y el cambio del paisaje,
por otro.
Según las informaciones escritas desde las necesidades de las mayorías,
este negocio para pocos es una pésima ecuación para los
pueblos.
“Para expertos en estos asuntos, en América Latina y Asia
aparecen gobiernos y estadistas muy entusiasmados con la obtención
de etanol para uso en motores, sencillamente porque ya se sueñan
como una suerte de Golfo Arábico etílico. Naciones grandes
productoras de caña, soja o palma de aceite, entre otras materias
primas agrícolas, hablan de reconversiones industriales y de elevar
la extensión de sus campos ante los cantos de sirena de jugosas
ganancias por mediación de los biocombustibles. De hecho desde
2005 a la fecha los precios de algunas de estas cosechas se elevaron más
de 20 veces, lo cual complicó sobremanera la manutención
de decenas de millones de personas en estado de precariedad. Como bien
dijo un alto funcionario del Programa Mundial de Alimentos de la ONU,
la humanidad, en un asunto tan delicado, vuelve a enfrentar un absoluto
desafío entre la razón y la insensatez”, señalan
las noticias que intentan alertar, una vez más, sobre estos modelos
que atienden las urgencias de las ganancias y no las necesidades humanas.
En las provincias argentinas que alguna vez formaron parte de la llamada
pampa húmeda, los gobiernos locales invaden las calles de las ciudades
hablando maravillas del biocombustible, como si fuera una obligación
asimilar esta palabra. Mientras tanto, organizaciones ecologistas de los
distintos costados del planeta advierten sobre el demencial trueque que
significa este negocio.
Desiertos a cambio de energía para un mayor consumismo y un número
cada vez más grande de hambreados. El planeta en manos de locos
con carnet, como bien diría Joan Manuel Serrat.
Es hora de pelear por el futuro de los que son más
porque si no, indefectiblemente, se volverán a soportar las pesadillas
impuestas por los que son menos aunque sean presentadas con hermosas y
coloridas publicidades y bajo el canto arrullador de sirenas asesinas.
Fuente de datos:
Agencia de Noticias Argenpress 09-08-07
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